domingo, 19 de octubre de 2014

MURIÓ EL DIABLO: HÉCTOR ESCOBAR GUTIÉRREZ 
La inesperada noticia de la muerte del entrañable poeta y amigo de toda la vida, Héctor Escobar Gutiérrez, dejó en mi alma un triste estremecimiento y de mis evocaciones empezaron a brotar algunas de las curiosas historias con él compartidas a lo largo de casi medio siglo. El reporte llegó a través de La Voz de Nueva York que dirige otro pereirano apasionado como Zahur Klemak Zapata y luego fue reproducida y comentada por la revista Luna de Locos a la que estuvo Escobar vinculado durante muchos años. Lo conocí en 1968 cuando Zahur convocó a un insólito Congreso Nacional de escritores jóvenes y allí nos vimos también por primera vez con hoy queridos y admirables amigos y escritores al estilo de Benhur Sánchez Suárez, Isaías Peña Gutiérrez, Eduardo Escobar, Silvio Girón, ya ido de este mundo y Jorge Gómez, entre otros. Desde entonces a Héctor ya lo llamaban El Diablo por sus misas negras y su aparente devoción hacia quien le daba una aureola particular, pero que no era nada diferente a una forma de escandalizar y ganarse la vida, lo que hizo igualmente leyendo el tarot. Lo llamaban El Papa Negro y se presentaba como representante del satanismo mundial en Pereira, ciudad en la que nació en 1941 y  cuyo espacio, como él mismo lo decía, “era el adecuado para soñar”. Pasó a la historia de Pereira como uno al que demandaron porque le había robado el alma a una muchacha, pero al no figurar este delito extraño en ninguno de los códigos colombianos lo dejaron libre. Fue un hombre culto, agudo, estudioso y loco como deben serlo los poetas verdaderos y representaba, como dice Germán Herrera, a un poeta moderno con estilo antiguo. Sencillo, amable, cariñoso, simpático y no pocas veces deslumbrante, deja un legado literario nada despreciable. Publicó una Antología Inicial de sus poemas en 1983 y dos años más tarde otros dos poemarios con el título de Testimonios malditos y Cosmogonías. No cesaba su trabajo y cuando estuvimos en la fundada en Ibagué Unión Nacional de Escritores, salió bajo su sello Estetas y Heresiarcas en 1987. Para 1991 salió El libro de los cuatro elementos y en el 2004 El punto y la esfera. Sus apariciones en antologías fueron diversas. En Azu, el hombre infinito creada por Zahur Klemak, conocimos sus primeros textos publicados en la revista número 5 de 1968, así como nosotros en la revista Pijao dimos a conocer su cuento Sor Pornofrígida. Comentó no pocos libros como los de Hugo Ángel Jaramillo en homenaje que se le rindiera en Pereira en 1994 y El ojo y la clepsidra, el nuevo libro para entonces de Eduardo López Jaramillo, también fallecido, sin contar sus variadas publicaciones en el diario La Tarde.  Amaba a Baudelaire y a los poetas malditos y decía tener un pacto con el Diablo. Vivía en el barrio Providencia donde tenía un pequeño templo dispuesto,- en realidad una alcoba grande, en el que supuestamente se adoraba al Príncipe de las tinieblas.  Los símbolos esotéricos no eran pocos y nos mostró alguna vez el esqueleto de la cabeza de una serpiente que decía era la del demonio. Hizo una conferencia en la Curia Episcopal convocada por monseñor Darío Castrillón para los sacerdotes de la región donde explicó por qué era satanista y aclaró que no era satánico.  Poco antes de su muerte visitó la catedral pero no es señal de arrepentimiento alguno porque no se creía un mal hombre.  No cumplía sacrificios los 31 de octubre que varios muchachos hicieron ni era amigo de los actos vandálicos de otros porque ellos practicaban actos que afectaban a la sociedad entendiendo mal su filosofía. Sus ceremonias, como afirmó Zahur Klemak, eran para divertirse como en una obra de teatro puesto que resultaban mojigatas. Ese conocimiento y esa búsqueda le sirvieron para vivir y en su condición de profesor de filosofía y religión advertía cómo el conocimiento de Dios es también el conocimiento del diablo quien tiene las claves para llegar a él. Conceptuaba al país signado por la garra del demonio y poseído por él  y que a los políticos debería llevárselos. Terminó su existencia el sábado 18 de octubre a los 74 años recluido los últimos tres a una silla de ruedas con un infarto cerebral del que se recuperaba y allí estuvo siempre Soley Salazar, su esposa de toda la vida. Su alegría se marchó para siempre dejándonos huérfanos de su calidez a tantos amigos que esperamos volver a leer sus bellos poemas con sonetos perfectos.

EL NUEVO LIBRO DE LUIS GABRIEL CALDERÓN SOBRE EL LIBANO.

Leí con entusiasmo y curiosidad y de una sola sentada, el esperado libro de Luis Gabriel Calderón sobre El Líbano, Tolima, mi amado pueblo natal. Su recorrido si bien es cierto se circunscribe al siglo XX, no deja de tener lúcidas referencias históricas sobre épocas anteriores. A lo largo de 194 páginas e ilustrado con evocadoras fotografías, el apasionante libro de 26 capítulos lo deja a uno sin aliento porque le permite recostruir su propia historia y en no pocos capítulos verse en ella. Es fácil aprender y rememorar, gracias a una paciente investigación de largo tiempo, cómo fue el primer cementerio y las primeras calles junto al parque inicial, pasando por la originaria plaza de mercado, el hospital inaugural o la imprenta naciente, las originales bandas y grupos de música, la planta eléctrica primigenia, la llegada por vez primera del automóvil y el avance automotor,  hasta estacionarse en los legendarios bolcheviques del Líbano, la germinal plaza de toros, el teatro y el avión desconocido, la empresa de transporte nueva, la estación de bomberos, el ancianato con su evolución, la estación de bomberos, la emisora fundadora, los batallones y el hipódromo, el aeropuerto, los carnavales pro paz y progreso, el festival del retorno, la discoteca que arrancó la tradición, los paseos de olla y los lugares simbólicos inolvidables. Fácil parece enumerarlos pero cada capítulo implica reflexiones y reconstrucciones que con brillo cumple el autor, convirtiéndose su volumen en documento indispensable e ineludible si se quiere conocer más de cerca a este municipio. Era un texto que hacía falta y que por fortuna Luis Gabriel Calderón suple, agregando con ello a su trayectoria investigativa un retrato palpable de época como bien lo hizo con su anterior publicación, en el 2012, sobre el Origen jurídico del Líbano, Tolima. Queda por agregar cómo existen vacíos en no pocos capítulos que bien hubiesen podido llenarse con algunas preguntas o consultas en libros existentes. Sin embargo, debe darse gratitud a tamaña empresa que viene a sumarse a no pocos volúmenes que convierten al poblado en uno de los más historiados del pais. Empezando por el pionero de ellos, el maravilloso Eduardo Santa, textos del novelista y poeta Alberto Machado, Uva Jaramillo, Leonidas Escobar, Luis Eduardo Gallego Valencia, Eduardo Palacio Skinner,  Roberto Marín Toro, Alirio Vélez, Amina Cifuentes de Ardila, Isidro Parra Peña, Alfonso Gutiérrez Millán, Mario Echeverry, Gonzalo Sánchez, Antonio Villegas Valero, Héctor Londoño, Alfonso Delgadillo Parra, Jorge Villegas, Patricia Guerrero, Margarita Enciso, Germán Santamaría, Jorge Eliécer Pardo, Afranio Ortiz, Renzo Ramírez Bacca, Alberto Toro Nieto y Fernando Morales. Demasiado extensa sería la lista porque como ya lo he advertido, el Líbano es el pueblo del mundo con más escritores por kilómetro cuadrado y sus más de 500 producciones bibliográficas desde los tiempos de su fundador oficial así lo testimonian. No existe una población en el Tolima más historiada, novelada y contada que el Líbano. Aunque municipios como Honda, Mariquita, Chaparral, Ibagué y Purificación tienen en su haber mayor número de acontecimientos y muchísimos más años encima, de alguna manera no han tenido en su periplo tantos escritores que las muestren. Queda entonces un grato sabor por este libro de Luis Gabriel Calderón y la convocatoria a que no se queden por fuera de saborear nuestra historia y la memoria colectiva y curiosa  

lunes, 13 de octubre de 2014

TRES ARTISTAS QUE SE DESPIDIERON


 Tres artistas que dieron brillo a su tierra desde la investigación y la academia, la música y la escultura llegaron al fin de sus vidas pero nos legaron sus obras y sus sueños. Casi nada se ha dicho de estas partidas, salvo en el periódico Actualidad Tolimense y resultaron en general ignoradas, quizá por la poca importancia que se otorga a quienes han construido memoria y región sobre esta tierra. Es lo ocurrido con los inolvidables Hugo Neira Sánchez, Jesús María Rincón Becerra y Fabio Artunduaga Ospina, quienes se suman a los sensibles fallecimientos de Simón de la Pava y de Salomón Tovar. Significa de todos modos que el cielo del Tolima  se está quedando sin algunas estrellas. Hugo Neira, quien había nacido en Ortega el 16 de febrero de 1941, fue ingeniero electricista de la Universidad Tecnológica de Pereira y ocupó varios cargos en la Electrificadora del Tolima donde se jubiló. 

Hugo Neira Sánchez
Especializado en Francia en proyectos y construcciones de líneas eléctricas, también lo hizo en Coruniversitaria en automatización industrial y encarnó a un rebelde y documentado columnista que denunciaba los atropellos de la electrificadora contra la población, así como simbolizó a un investigador académico de notoria importancia. Su rango empezó a ser sentido cuando obtuvo en  1994 el segundo premio del concurso de historia Cámara de Comercio de Ibagué. Aquí lo logró con la obra El Tolima en la encrucijada de la agricultura, libro publicado por Pijao Editores en 1995 y cuya versión actualizada hizo con destino al Manual de historia del Tolima, publicado en tres tomos por la misma editorial. Se convirtió en miembro de la Academia de Historia del Tolima y luego publicó Historia de la masonería, su Influencia en Colombia y en el mundo, igualmente por Pijao Editores en el año 2007. Otro libro suyo, polémico por cierto, lo hizo sobre El pacificador Pablo Murillo. Hugo Neira tuvo un temperamento discreto, sin deseos de figurar y amante de la discusión inteligente, encontrándose presto a colaborar en investigaciones que otros emprendieran como lo fue mi caso en el tema de Mosquera. Una tarde decidió irse del todo para Risaralda donde finalmente murió por el mes de septiembre en medio del afecto de su esposa y de sus hijos. Tarde nos enteramos pero conservamos largo silencio reconstruyendo su afecto y sus pasos, su amistad y sus valores.
Fabio Artunduaga Ospina
También a comienzos de septiembre, conocimos la triste noticia de la muerte de Fabio Artunduaga Ospina, otro ser humano discreto y talentoso que amaba jugar billar y ajedrez como para distraer las horas solitarias. Nació en Casabianca, Tolima, el 14 de abril de 1931. De origen campesino, trabajó en las faenas agrícolas como jornalero raso durante más de diez años y heredó de su padre, quien fue escultor, la tradición de tallar figuras en mármol, modelándolas en arcilla y dibujos a lápiz. Estudió artes gráficas en lo cual era experto y elaboró diversidad de esculturas y cerámicas famosas desde el departamento orientado por centros de historia. Ahí está su testimonio artístico en el parque mitológico de El Espinal con más de una decena de esculturas; el monumento a la princesa Bulira en Piedras y a Garzón y Collazos en Ibagué. Se destacó, así mismo, como compositor, obteniendo premios en festivales del bunde en El Espinal y en el cancionero del Tolima están sus danzas, guabinas y bambucos, los que interpretaba tocando tiple, bandola y guitarra. Sus canciones llegaron al centenar entre instrumentales y las grabadas por diversas agrupaciones. Publicó en 1986 el libro Mitología y folclor del Tolima con prólogo de Eutiquio Leal, quedando ahora su tarea de luchador incansable por la música y el arte y su famosas esculturas de El Mohan y la Madre de agua quedaron reproducidas y solitarias en su habitación. 
Jesús María Rincón Becerr
Al final nos aturde el corazón la noticia de la muerte del maestro Jesús María Rincón Becerra a quien se llamó con justicia la Bandola de Oro. Hacia 1983 tuve la fortuna de hacer y presentar un disco de larga duración con sus interpretaciones y creaciones cuando fuera director del Instituto Tolimense de Cultura. Disfruté gracias mi suegro Adolfo Viña Calderón y de su hermano Alfonso de no pocas tertulias musicales oyéndolo embelesado, al tiempo que gozaba con el legendario e imborrable conjunto Chispazo al que pertenecía, junto a Pedro J Ramos, Gustavo Torres y Gustavo Reina, Alberto Estefan y Luis Eduardo Vargas Rocha. Allí era fácil y al tiempo un privilegio gozar de sus bambucos, danzas y pasillos que hacen honor al parnaso musical de Colombia. Un perfil amplio de su vida fructífera lo registré en mi libro Músicos del Tolima Siglo XX, donde se destaca como uno de los mejores de la tierra. Había nacido en Santa Isabel el 26 de agosto de 1915, perteneció a la banda departamental tras adelantar estudios teóricos en el Conservatorio y fue un eje conductor en la creación de conjuntos musicales. Falleció el 8 de octubre de este 2014 en Dos Quebradas, Risaralda, adonde se había ido a vivir muchos años antes

UN ENCUENTRO INTERNACIONAL COMUNERO DE ESCRITORES EN SANTANDER

Fue de ensueño un recorrido de ocho días por los hermosos municipios de Santander. La experiencia maravillosa se logró gracias al sueño persistente de Hernando Ardila González,  un entusiasta abogado y poeta que se propuso esta locura desde hace seis años. Fue un éxito el reunir escritores de varios paises del mundo para que difundieran su trabajo ante estudiantes universitarios, de colegios de primaria y secundaria, de las cárceles y las comunas, los mercados y  los parques. Pero no sólo eso. Dialogaron entre ellos sobre el oficio en los paises o regiones de donde procedían. Fueron representantes de varias generaciones, ante todo jovenes, los que formaron una fiesta de solidaridad, esta vez bajo el lema de Un país posible, homenaje a Gabriel García Márquez y con el título genérico de Vuelven los Comuneros. Poblaciones como Floridablanca, la de la Mesa de los Santos, Socorro, San Gil y Bucaramanga se volcaron entusiastas y curiosas a escuchar a los poetas y escritores. Cada quien daba lo mejor de sí y desfilaban argentinos, chilenos, ecuatorianos, mexicanos, rusos, griegos, paraguayos, colombianos de diversas regiones representando al Tolima, al Huila, a los Llanos, a Popayán, Bogotá, la Guajira, Montería, Tunja, Duitama y escritores de Santander, entre otros. Abundaron las mujeres entre las despampanantes  y las discretas y no faltó la música ni el vino, las comidas típicas y los paseos turísticos a Barichara o al Cañón de Chicamocha. Sus organizadores dieron muestras de simpatía y organización, atenciones y generosidad, sin que faltaran los discursos de los rectores y decanos de las universidades y hasta de los alcaldes dando la bienvenida. Lo que se veía en el transfondo era la angustia del creador del encuentro porque no es fácil hallar el apoyo debido para un acto de dimensiones internacionales. Santander, como una vitrina para el turismo y la cultura, tiene aquí un ingrediente que debieran patrocinar sin tacañerías ni ruegos, antesalas y venias. Se cumplió sin embargo y tanto la programación impresa en formato de lujo como un libro antológico de los participantes,  fue una idea luminosa como testimonio de un paso con huellas profundas por las regiones de la literatura. 

viernes, 26 de septiembre de 2014


Simón de la Pava Salazar
A los 97 años se detuvo para siempre el corazón del prestigioso intelectual tolimense Simón de la Pava Salazar. Conformó parte de una familia de profesionales destacados y a lo largo de su fructífera existencia dejó una huella memorable en el campo del derecho, la historia, la literatura  y la academia. Se trataba de un conversador exquisito cuyas famosas tertulias con poetas, compositores y novelistas se volvieron tradicionales y añoradas y donde era fácil deducir, por su conocimiento de la historia, la política, el derecho y la región, una inteligencia privilegiada. Había nacido en Cajamarca en 1917 y fue egresado ilustre del colegio de San Simón y de la Universidad Libre en derecho y ciencias sociales. En el ejercicio de su carrera se desempeñó como juez de instrucción criminal, penal, del circuito, del trabajo y civil del circuito. Su dimensión internacionalista y el peso de su formación  intelectual lo condujo a ser designado como miembro de la Confederación de Abogados del Pacto Andino y como presidente del Colegio Nacional de abogados, miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia y de la Academia de Historia del Tolima. Pero no se trató de figuraciones directivas sino de su erudición, la que dejó por fortuna en numerosos artículos y ensayos en revistas nacionales, además de las múltiples columnas escritas en varios periódicos de Ibagué. Durante 34 años ejerció como consultor del Banco Central Hipotecario y como siempre fue un maestro, se desempeñó como profesor de humanidades en Coruniversitaria.  Siendo partícipe en varios congresos nacionales e internacionales. Publicó la novela Este es mi testimonio, en 1991; la investigación histórica El camino del Quindío, en el año 2000 y dejó inéditos varios libros, entre ellos Apuntes de filosofía del derecho.
Comentaron la novela de Simón de la Pava con entusiasmo figuras como Horacio Gómez Aristizábal, Eduardo Jaramillo Zuleta, Eduardo Santa, David Bushnell, Antonio Chalita Sfair y Guillermo García, y en mi libro Novelistas del Tolima Siglo XX dedico varias páginas al análisis de la extensa Este es mi testimonio, en cuyas 622 páginas logra un gran fresco de la vida campesina y su medio bucólico, describe los pormenores de una pequeña urbe en proceso de crecimiento, relata esencialmente los detalles que rodearon el crimen de un médico y su amplio proceso investigativo donde se tiende un manto de dudas sobre los acontecimientos y sus participantes, señala con dureza a quienes ejercen e interpretan equivocada o viciadamente la justicia y deja el periplo de una saga familiar. La novela con una alta dosis autobiográfica como nos lo confesara el autor, tiene el alcance del testimonio para saber en qué mundo vamos a navegar, no tanto como se saborea desde un comienzo, cercano a la literatura, sino esencialmente a la vida entre el esplendor y la decadencia, los sueños y las pesadillas, y en fin, lo que significan lo bueno, lo malo y lo feo con sus contradicciones, que al final de cuentas es de lo que está verdaderamente construida una obra.
Deja esta partida un gran pesar en nuestros corazones y en buena parte de la sociedad ibaguereña, la que enluta no sólo a su querida familia sino a todo el Tolima y en particular a su mundo académico. Se llenarían muchas páginas con su anecdotario como bolerista y tantas otras cosas que hizo el inolvidable amigo, pero por ahora encendemos una antorcha en el alma que brillará para los rebeldes en lo cual fue un militante. 

domingo, 14 de septiembre de 2014

LA LITERATURA HUILENSE BAJO EL EXÁMEN DE FÉLIX RAMIRO LOZADA

La verdadera historia de la literatura colombiana se encuentra en la suma de lo hecho en las historias regionales. Lo que se ha cumplido en la Costa y en el Tolima, en Risaralda o en Nariño, ofrece no sólo un inventario de lo que no tienen en cuenta los especialistas, sino una aproximación a libros y autores que por ellas no se quedan en el olvido rutilante. Es lo que acaba de reintentar, de manera más amplia, un fervoroso lector y entusiasta buscador de valores perdidos. No se trata de jugar al chovinismo regional sino de destacar a quienes han hecho obras literarias en los diversos géneros. Son creadores del país con origen en un lugar de él pero que comportan, no pocas veces, un decoro estético digno de ser tenido en cuenta y hasta comunes denominadores por la influencia de la provincia. Conocía de años antes la investigación de Benhur Sánchez Suárez sobre el mismo tema y que luego con cada edición fue ampliando y examinando de manera devota Félix Ramiro Lozada. Hace poco hice un comentario a un valiosísimo conjunto de ensayos de Jorge Guebelly sobre El humanismo en la literatura huilense y cuyo libro me dejó la fascinación de la profundidad. Todo esto significa de qué manera y por fortuna, los escritores, narradores y poetas de este sector del país producen inquietud como para generar análisis, inventarios, valoraciones y libros como los que he referido. Por no pertenecer a las élites bogotanas ni a las roscas que se reparten favoritismos, becas, viajes y concursos, a los escritores llamados despectivamente aldeanos o locales se les margina e ignora como una forma de matarlos. De allí la trascendencia de juiciosos estudios como el que presenta el periodista cultural, docente y creador Félix Ramiro Lozada. Hemos seguido sus pasos como lectores leales de sus trabajos y conocedor del esfuerzo y la dedicación que esto implica, se entiende cómo, una literatura con tantos nombres no puede terminarse ni ser desconocida, así muchos pertenezcan a un pasado reciente o remoto pero que han construido no sólo una identidad sino una tradición, asunto de no poca monta. Es sobresaliente el proceso evolutivo de estos autores que pueden rastrearse en la selección de textos y documentos que compila el investigador. El conjunto de voces ofrece un coro sinfónico donde cada quien cumple el papel de solista en su momento. El análisis y la antología a lo largo de 364 páginas nos lleva a un interesante viaje en el tiempo y se estaciona en los grandes períodos que ha tenido la historia nacional con sus representantes más osados. Desde los tiempos de la conquista y la colonia hasta el período de la Independencia tienen aquí su espacio y concluye con el desarrollo de la literatura en el Siglo XX para enfocar con tino la presencia de los historiadores que han cumplido en el Huila un papel definitivo para aclarar caminos. No se quedan atrás los grupos al estilo de Los Papelípolas que brillaron en el país por su talento ni la literatura posterior a ellos, llena de figuras nacionales. El que llegue hasta los días que corren demuestra un seguimiento fervoroso para quienes han ejercido el oficio con dedicación y allí tienen su sitio. Acompañados al final de una cuidadosa ficha biobibliográfica y los datos relevantes de cada escritor, el libro nos deja la impresión de convertirse en hito y documento indispensable para conocer a quienes representan con altura las letras en esta hermosa región de Colombia. Tamaño esfuerzo de no pocos años persistiendo en un esfuerzo descomunal, convierten de nuevo a Félix Ramiro Lozada en un estudioso imprescindible que hay que mirar con respeto y atención. No deja de ser apasionante emprender este viaje seductor por la literatura, el mismo que el poeta ha cumplido con la del país como su contribución gigante para una nación necesitada de conocer a sus vitales soñadores desde el mundo de la palabra.

lunes, 25 de agosto de 2014

EL HUMANISMO EN LA LITERATURA HUILENSE BAJO LA MIRADA DE JORGE GUEBELLY


Se trata de un libro encantador de 207 páginas que sin timideces puede considerarse una joya verdadera. Allí el autor analiza con sabiduría la sociedad, la historia y en particular la literatura del Huila. No son los once ensayos que lo integran textos abrumadores saturados de citas ni pretensiones, sino profundos y reflexivos planteamientos donde uno no sabe, en el momento de subrayar, si lo emprende de acuerdo a una costumbre, cómo debe hacerlo en varias páginas seguidas y no me había ocurrido antes en mi largo oficio de lector. Todo parece importante y muchas veces novedoso porque no viaja por las bibliografías sino por lo textos para dar fuertes y valientes conclusiones. Los antecedentes y análisis sociológicos y literarios de lo que es y ha sido este territorio bajo la luz de la filosofía y el contexto, arrojan enseñanzas que bien pueden aplicarse a otros lugares del país y a la misma nación. El diagnóstico es devastador no frente a los autores sino frente a la sociedad en que se vive, en lo usual indiferente y con indolencias alrededor de lo humanístico, pero cuya consecuencia es la diversidad y la cantidad de ventanas que desde la prosa o la poesía reflejan su maravillosa decadencia. Mucho queda al final del fruto maduro de un intelectual con doctorado en La Sorbona que antes estudió en el Caro y Cuervo y ejerció la docencia universitaria a lo largo de su vida. Auscultar las percepciones humanas subyacentes en el texto literario ha sido su intención, el mismo que empezó en sus tres libros anteriores dedicados a la literatura del Huila y que va de lo universal a lo regional, incluyendo autores de ayer a hoy, en particular poetas, cumpliendo valoraciones justas a la obra narrativa de Benhur Sánchez Suárez y de Marco Polo, por ejemplo, olvidándose de manera inexplicable de un escritor como Humberto Tafur Charry. Claro que no se trata de un inventario sino de una selección personal, aunque debiera habérsele nombrado siquiera en alguna de sus listas generales que van en los asteriscos. Con esta salvedad, alguna debe tener una obra excelente,  Jorge Guebelly menciona a sus creadores como aquellos que “deambulan en la más tibia orfandad, en un invisible destierro, proscritos en su territorio social y personal”, pero “contra todas las adversidades culturales, nuestro arte, en general y nuestra literatura en particular, han conquistado un lugar respetable en el contexto regional y nacional”. A través de sus textos entiende cómo veían y ven el mundo sin las recetas culturales del entorno o el de las fábricas de títulos universitarios, fuentes del “doctorismo”, sino voces cada vez mayores y más informadas de los aconteceres literarios del mundo y más sensibles de la condición humana regional. Viven sin que la economía ni la política hayan podido aniquilarla y con desdén por los poderes que desean arrodillarla porque de esa manera no le son incómodos. Es la rebeldía sin rendiciones y la independencia frente a una cultura conservadora que históricamente ha conservado los rasgos de la pre modernidad y encarnar “verdaderos desfalcos humanos”. Sin caer en el nuevo Dios que es el dinero y sin confundir las novelas con las telenovelas, un concierto de Beethoven con uno de Rap, sin caer en la tentación de cómo para ser hay que tener donde el ser humano pierde sus valores y se pone un precio para valer en sociedad, los poetas y narradores testimonian el viaje en el infierno y la desesperanza pero sin ponerle cárceles al alma. Concluye de qué manera en medio de la decadencia social y su injusticia, la literatura es la que muestra su grandeza, insiste en el ser humano y muestra la urgencia de superar el desastre.