viernes, 26 de septiembre de 2014


Simón de la Pava Salazar
A los 97 años se detuvo para siempre el corazón del prestigioso intelectual tolimense Simón de la Pava Salazar. Conformó parte de una familia de profesionales destacados y a lo largo de su fructífera existencia dejó una huella memorable en el campo del derecho, la historia, la literatura  y la academia. Se trataba de un conversador exquisito cuyas famosas tertulias con poetas, compositores y novelistas se volvieron tradicionales y añoradas y donde era fácil deducir, por su conocimiento de la historia, la política, el derecho y la región, una inteligencia privilegiada. Había nacido en Cajamarca en 1917 y fue egresado ilustre del colegio de San Simón y de la Universidad Libre en derecho y ciencias sociales. En el ejercicio de su carrera se desempeñó como juez de instrucción criminal, penal, del circuito, del trabajo y civil del circuito. Su dimensión internacionalista y el peso de su formación  intelectual lo condujo a ser designado como miembro de la Confederación de Abogados del Pacto Andino y como presidente del Colegio Nacional de abogados, miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia y de la Academia de Historia del Tolima. Pero no se trató de figuraciones directivas sino de su erudición, la que dejó por fortuna en numerosos artículos y ensayos en revistas nacionales, además de las múltiples columnas escritas en varios periódicos de Ibagué. Durante 34 años ejerció como consultor del Banco Central Hipotecario y como siempre fue un maestro, se desempeñó como profesor de humanidades en Coruniversitaria.  Siendo partícipe en varios congresos nacionales e internacionales. Publicó la novela Este es mi testimonio, en 1991; la investigación histórica El camino del Quindío, en el año 2000 y dejó inéditos varios libros, entre ellos Apuntes de filosofía del derecho.
Comentaron la novela de Simón de la Pava con entusiasmo figuras como Horacio Gómez Aristizábal, Eduardo Jaramillo Zuleta, Eduardo Santa, David Bushnell, Antonio Chalita Sfair y Guillermo García, y en mi libro Novelistas del Tolima Siglo XX dedico varias páginas al análisis de la extensa Este es mi testimonio, en cuyas 622 páginas logra un gran fresco de la vida campesina y su medio bucólico, describe los pormenores de una pequeña urbe en proceso de crecimiento, relata esencialmente los detalles que rodearon el crimen de un médico y su amplio proceso investigativo donde se tiende un manto de dudas sobre los acontecimientos y sus participantes, señala con dureza a quienes ejercen e interpretan equivocada o viciadamente la justicia y deja el periplo de una saga familiar. La novela con una alta dosis autobiográfica como nos lo confesara el autor, tiene el alcance del testimonio para saber en qué mundo vamos a navegar, no tanto como se saborea desde un comienzo, cercano a la literatura, sino esencialmente a la vida entre el esplendor y la decadencia, los sueños y las pesadillas, y en fin, lo que significan lo bueno, lo malo y lo feo con sus contradicciones, que al final de cuentas es de lo que está verdaderamente construida una obra.
Deja esta partida un gran pesar en nuestros corazones y en buena parte de la sociedad ibaguereña, la que enluta no sólo a su querida familia sino a todo el Tolima y en particular a su mundo académico. Se llenarían muchas páginas con su anecdotario como bolerista y tantas otras cosas que hizo el inolvidable amigo, pero por ahora encendemos una antorcha en el alma que brillará para los rebeldes en lo cual fue un militante. 

domingo, 14 de septiembre de 2014

LA LITERATURA HUILENSE BAJO EL EXÁMEN DE FÉLIX RAMIRO LOZADA

La verdadera historia de la literatura colombiana se encuentra en la suma de lo hecho en las historias regionales. Lo que se ha cumplido en la Costa y en el Tolima, en Risaralda o en Nariño, ofrece no sólo un inventario de lo que no tienen en cuenta los especialistas, sino una aproximación a libros y autores que por ellas no se quedan en el olvido rutilante. Es lo que acaba de reintentar, de manera más amplia, un fervoroso lector y entusiasta buscador de valores perdidos. No se trata de jugar al chovinismo regional sino de destacar a quienes han hecho obras literarias en los diversos géneros. Son creadores del país con origen en un lugar de él pero que comportan, no pocas veces, un decoro estético digno de ser tenido en cuenta y hasta comunes denominadores por la influencia de la provincia. Conocía de años antes la investigación de Benhur Sánchez Suárez sobre el mismo tema y que luego con cada edición fue ampliando y examinando de manera devota Félix Ramiro Lozada. Hace poco hice un comentario a un valiosísimo conjunto de ensayos de Jorge Guebelly sobre El humanismo en la literatura huilense y cuyo libro me dejó la fascinación de la profundidad. Todo esto significa de qué manera y por fortuna, los escritores, narradores y poetas de este sector del país producen inquietud como para generar análisis, inventarios, valoraciones y libros como los que he referido. Por no pertenecer a las élites bogotanas ni a las roscas que se reparten favoritismos, becas, viajes y concursos, a los escritores llamados despectivamente aldeanos o locales se les margina e ignora como una forma de matarlos. De allí la trascendencia de juiciosos estudios como el que presenta el periodista cultural, docente y creador Félix Ramiro Lozada. Hemos seguido sus pasos como lectores leales de sus trabajos y conocedor del esfuerzo y la dedicación que esto implica, se entiende cómo, una literatura con tantos nombres no puede terminarse ni ser desconocida, así muchos pertenezcan a un pasado reciente o remoto pero que han construido no sólo una identidad sino una tradición, asunto de no poca monta. Es sobresaliente el proceso evolutivo de estos autores que pueden rastrearse en la selección de textos y documentos que compila el investigador. El conjunto de voces ofrece un coro sinfónico donde cada quien cumple el papel de solista en su momento. El análisis y la antología a lo largo de 364 páginas nos lleva a un interesante viaje en el tiempo y se estaciona en los grandes períodos que ha tenido la historia nacional con sus representantes más osados. Desde los tiempos de la conquista y la colonia hasta el período de la Independencia tienen aquí su espacio y concluye con el desarrollo de la literatura en el Siglo XX para enfocar con tino la presencia de los historiadores que han cumplido en el Huila un papel definitivo para aclarar caminos. No se quedan atrás los grupos al estilo de Los Papelípolas que brillaron en el país por su talento ni la literatura posterior a ellos, llena de figuras nacionales. El que llegue hasta los días que corren demuestra un seguimiento fervoroso para quienes han ejercido el oficio con dedicación y allí tienen su sitio. Acompañados al final de una cuidadosa ficha biobibliográfica y los datos relevantes de cada escritor, el libro nos deja la impresión de convertirse en hito y documento indispensable para conocer a quienes representan con altura las letras en esta hermosa región de Colombia. Tamaño esfuerzo de no pocos años persistiendo en un esfuerzo descomunal, convierten de nuevo a Félix Ramiro Lozada en un estudioso imprescindible que hay que mirar con respeto y atención. No deja de ser apasionante emprender este viaje seductor por la literatura, el mismo que el poeta ha cumplido con la del país como su contribución gigante para una nación necesitada de conocer a sus vitales soñadores desde el mundo de la palabra.

lunes, 25 de agosto de 2014

EL HUMANISMO EN LA LITERATURA HUILENSE BAJO LA MIRADA DE JORGE GUEBELLY


Se trata de un libro encantador de 207 páginas que sin timideces puede considerarse una joya verdadera. Allí el autor analiza con sabiduría la sociedad, la historia y en particular la literatura del Huila. No son los once ensayos que lo integran textos abrumadores saturados de citas ni pretensiones, sino profundos y reflexivos planteamientos donde uno no sabe, en el momento de subrayar, si lo emprende de acuerdo a una costumbre, cómo debe hacerlo en varias páginas seguidas y no me había ocurrido antes en mi largo oficio de lector. Todo parece importante y muchas veces novedoso porque no viaja por las bibliografías sino por lo textos para dar fuertes y valientes conclusiones. Los antecedentes y análisis sociológicos y literarios de lo que es y ha sido este territorio bajo la luz de la filosofía y el contexto, arrojan enseñanzas que bien pueden aplicarse a otros lugares del país y a la misma nación. El diagnóstico es devastador no frente a los autores sino frente a la sociedad en que se vive, en lo usual indiferente y con indolencias alrededor de lo humanístico, pero cuya consecuencia es la diversidad y la cantidad de ventanas que desde la prosa o la poesía reflejan su maravillosa decadencia. Mucho queda al final del fruto maduro de un intelectual con doctorado en La Sorbona que antes estudió en el Caro y Cuervo y ejerció la docencia universitaria a lo largo de su vida. Auscultar las percepciones humanas subyacentes en el texto literario ha sido su intención, el mismo que empezó en sus tres libros anteriores dedicados a la literatura del Huila y que va de lo universal a lo regional, incluyendo autores de ayer a hoy, en particular poetas, cumpliendo valoraciones justas a la obra narrativa de Benhur Sánchez Suárez y de Marco Polo, por ejemplo, olvidándose de manera inexplicable de un escritor como Humberto Tafur Charry. Claro que no se trata de un inventario sino de una selección personal, aunque debiera habérsele nombrado siquiera en alguna de sus listas generales que van en los asteriscos. Con esta salvedad, alguna debe tener una obra excelente,  Jorge Guebelly menciona a sus creadores como aquellos que “deambulan en la más tibia orfandad, en un invisible destierro, proscritos en su territorio social y personal”, pero “contra todas las adversidades culturales, nuestro arte, en general y nuestra literatura en particular, han conquistado un lugar respetable en el contexto regional y nacional”. A través de sus textos entiende cómo veían y ven el mundo sin las recetas culturales del entorno o el de las fábricas de títulos universitarios, fuentes del “doctorismo”, sino voces cada vez mayores y más informadas de los aconteceres literarios del mundo y más sensibles de la condición humana regional. Viven sin que la economía ni la política hayan podido aniquilarla y con desdén por los poderes que desean arrodillarla porque de esa manera no le son incómodos. Es la rebeldía sin rendiciones y la independencia frente a una cultura conservadora que históricamente ha conservado los rasgos de la pre modernidad y encarnar “verdaderos desfalcos humanos”. Sin caer en el nuevo Dios que es el dinero y sin confundir las novelas con las telenovelas, un concierto de Beethoven con uno de Rap, sin caer en la tentación de cómo para ser hay que tener donde el ser humano pierde sus valores y se pone un precio para valer en sociedad, los poetas y narradores testimonian el viaje en el infierno y la desesperanza pero sin ponerle cárceles al alma. Concluye de qué manera en medio de la decadencia social y su injusticia, la literatura es la que muestra su grandeza, insiste en el ser humano y muestra la urgencia de superar el desastre.

lunes, 28 de julio de 2014

LA AUSENCIA DEL ENTRAÑABLE GABRIEL KING


No es fácil registrar la partida de amigos entrañables con quienes compartimos la vida y los sueños de una manera intensa y definida. Da uno vueltas alrededor del escritorio antes de sentarse mientras las lágrimas caen y nos asaltan las imágenes de la existencia acompañada.  Para muchos el registro dirá que fue Contralor del Tolima en dos ocasiones, diputado a la Asamblea, gerente de la Beneficencia del Tolima, Secretario de Despacho de la Gobernación y un batallador de la política por los tiempos en que la corrupción no había llegado a sus entrañas. Para nosotros no basta el abogado ni el consejero eficaz y sereno o el certero columnista de varios medios a lo largo de décadas, e inclusive el entusiasta miembro fundador de la Academia de Historia del Tolima puesto que sobrepasaba todo este talante. Para nosotros encarnaba a un luminoso ángel de la guarda desde cualquiera de sus trincheras para la cultura. Fue un guardaespaldas y estimulador continuo de Pijao Editores sin que faltara su respaldo a la locura o su alegría cómplice para la tarea.

El norte del Tolima fue el cuartel de sus luchas y si de su tierra natal hizo un devocionario, de Armero podríamos decir que fue su templo. Alguna tarde, en una de las tantas tertulias que gozamos, conversando concluíamos sobre sus orígenes y cómo, para un poblado como el Líbano, la aparición de los King no fue nada extraña puesto que los apellidos extranjeros venían desde el tiempo de los fundadores. Fue a finales del Siglo XIX cuando llegó el primero, precisamente Juan King, procedente de Marlboro, en Inglaterra, contratado para la construcción de los puentes del ferrocarril en Ambalema. Se estableció para entonces en Honda y allí terminó enamorado no sólo del paisaje y la arquitectura de una ciudad colonial, sino de Carmen Castellanos con quien iría a casarse en Guaduas y de cuyo matrimonio hubo dos hijos llamados Alonso y Juan, quien ya grande, entre sus descendientes, tuvo a Guillermo que partió un día para el Líbano y después de múltiples negocios y luchas se casa con Edelmira Rodríguez, oriunda de Chiquinquirá. La tierra del norte del Tolima parecía perseguirlo como un imán, y es allí donde lo nombran recaudador estanquero de Santa Teresa por los años 40 del siglo pasado, siendo trasladado a Murillo. Sin embargo, la violencia que abrió sus fauces en 1950 tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, lo empujó a establecerse en el Líbano, donde precisamente nacieron sus hijos Gabriel, Humberto, Fernando y Clara Inés. Fernando, ingeniero, vive en Vancouver, Canadá desde hace casi medio siglo; Clara Inés es sicóloga y directora de un colegio en Bogotá, Gabriel  fue abogado y Humberto un maravilloso e inolvidable médico y poeta clandestino. Gabriel se casó con nuestra querida amiga Rosa Eugenia Naged, periodista y pintora cuyo abuelo era de la legendaria Bagdad y quedan sin él físicamente sus dos bellas hijas, Glenda Vanessa, abogada residente en Canadá y Sheila que se desempeña triunfando como sicóloga. Todas las tertulias a lo largo de décadas disfrutando con escritores e intelectuales, con músicos de primera y analistas, con gente del común, nuestras familias y amigos cercanos, tuvieron su presencia participativa, pues se trataba de un lector enfermizo y un estudioso propositivo alrededor de los problemas del país y la región. El lanzamiento de no pocos libros tuvo su patrocinio y la continuidad en una fraternidad sin sombras nos ligó para siempre. En mi última novela publicada, El beso del francés, no podría faltar su protagonismo como lo que fue: un hombre bueno y ejemplar cuyo recuerdo cálido nos acompañará hasta el último día, ya que comulgamos el estribillo de aquella canción cuando afirma que a los amigos se les lleva es en el alma.  

martes, 22 de julio de 2014



CUENTOS CORTOS PARA VIDAS LARGAS
Terminé con agrado la lectura del nuevo libro de Ruth Aguilar Quijano que acaba de salir. En una hermosa edición de 155 páginas, es envidiable la atmósfera que sabe imprimir a sus historias y de qué manera va más allá de lo externo para incursionar en lo que no todo el mundo se fija respecto a un personaje, pero que conforma por su talento la gracia de sus acciones, las que al final nos dejan que se asome la nostalgia por un mundo perdido. Uno se despierta a la reflexión sobre lo aparentemente fatuo de la vida que se convierte en fundamental. Sumados los relatos vienen a conformar la historia de unas vidas entre el pueblo y la ciudad en el inefable proceso de las ilusiones y el envejecimiento, la soledad y las ausencias, el anhelo de armar el paraiso del descanso y finalmente el tedio frente a la rutina. Son testigos excepcionales de las habitantes de casas centenarias que ordenan su vida en la vejez bajo el oficio de tejer incansables, los muchachos que de pronto envejecen haciendo encargos y se defienden con un mundo imaginario, el símbolo de la ringlera donde se guardan todas las llaves de la casa para encarnar un ábrete sésamo, las casonas abandonadas, las visitas inoportunas de extraños personajes, la prostituta ya ida de la cama que mayor se dedica a los oficios domésticos como empleada y a defenderse con la locura, los asesinos incubados desde su infancia, los secretos que rebotan de una casa a otra en las vecindades pueblerinas, e inclusive las blasfemas de oficio que muestran otra cara en la vida social.  Suceden historias que parecerían arrancadas de la imaginación como La tumba vacía y esa desgarradora intimidad que descubre en el relato La muerte, donde sin advertirlo queda el patio de la casa antes lleno de amigos apenas habitado por el vacío y los recuerdos. Al fin y al cabo es el retrato del despojo que va rindiendo el tiempo con los seres y las cosas que amamos, incluidos los perros de la casa que son parte cálida y luminosa de la vida en familia. Pero el libro no se queda en la provincia que apenas se ama profundamente desde las evocaciones, sino va a las costumbres de la gran ciudad donde sus protagonistas han tejido la vida y sus ensueños. Desde la enorme biblioteca que se va tomando la casa y la nueva que por otros requerimientos van haciendo los hijos, desde el lenguaje angustioso de los sordos que se tratan o la gente inmutable encerrada en la burbuja de su soledad, el volumen avanza en un retrato íntimo y poético que implica sorpresas, evocaciones e inclusive una radiografía del aislamiento construido en los conjuntos residenciales donde todos se conocen en apariencia pero son extraños. Lo del diario vivir entre rememoraciones decembrinas, la visita de personajes despoblados en apariencia por dentro, la farsa social, las cercanías y las diferencias entre una familia grande,  van completando un gran fresco renacentista que nos deja el sabor de la melancolía, sin que estén ausentes el humor y la gracia de ciertas conductas que solo aprendemos con el ejercicio de vivir. Hermoso libro este de Ruth Aguilar, una veterana y prestigiosa psicóloga cuyo oficio en diagnósticos de este tipo le han sido demasiado útiles en su oficio como escritora. Había leído en el 2014 su primer volumen editado por Códice bajo el nombre de Todo lo mío, un bien logrado texto autobiográfico de 300 páginas que pareciera la sala de ensayos para llegar a la literatura propiamente. Pero algo mágico sin contar, es cómo además de su experiencia en clínicas o en la cátedra especializada en universidades, ha vivido con pasión de cerca el mundo de su esposo, nadie menos que el maravilloso escritor Eduardo Santa. 

lunes, 7 de julio de 2014


Manuel Elkin Patarroyo
Por: Carlos Orlando Pardo
Las elecciones primero, el folclor luego y el campeonato mundial de fútbol, al final, todos con diversas emociones, nos permitieron olvidar al resto del pais y no ofrecerles a otros renglones la debida atención, pero el mundo sigue andando. Ahí al frente, nos encontramos con la feliz noticia cuando a tres tolimenses los declaran “Investigadores eméritos 2014” en el “Gran Premio Vida y Obra” otorgado por Colciencias y que destaca la revista Semana que acaba de aparecer. Se trata de Manuel Elkim Patarroyo, el padre de las vacunas y ganador en la categoría Ciencias básicas; de, el estudioso de la violencia, ganador en la categoría Ciencias Sociales y Humanas, pero entre los llamados 20 héroes para señalar a los científicos eméritos que han dedicado una vida a la investigación en Colombia, figura como finalista    en   categoría   Ciencias   básicas, el químico  Augusto Rivera
Augusto Rivera
el tolimense de las moléculas raras. Nosotros somos por fortuna más que política, fiestas y fútbol y ahora cuando han pasado estas maravillosas disculpas para creer en la felicidad y en un pais mejor, aterrizamos de nuevo en la realidad y la encontramos igualmente habitada de satisfacciones. Por encima de las controversias a que es sometido el atacuno Patarroyo, “nadie ha podido desconocerle el haber descubierto y patentado la primera vacuna contra la malaria, un logro que enmarcó en la historia”. No ha sido vana su terca persistencia como egresado en Medicina de la Universidad Nacional, especializado en Virología en la Universidad de Rockefeller, estudios en Yale, Estados Unidos y en el instituto Karolinskia de Estocolmo, ni mucho menos las más de cuatro décadas dedicadas a la investigación para alcanzar premios significativos al estilo del Príncipe de Asturias en 1994, cuatro veces el Premio Nacional de Ciencias Alejandro Ángel Escobar o el ser nominado en 1989 como Premio Nobel de Medicina. 29 doctorados Honoris Causa y el registro de 356 publicaciones científicas, como lo recuerda la revista Semana, ofrecen un retrato general de quien a sus 67 años sigue haciendo ciencia desde su Fundación del Instituto de Inmunología y formando a más de mil investigadores o asesorarlos en futuros doctorados. 
Gonzalo Sánchez
Por otro lado, el libanense Gonzalo Sánchez, autor del primer estudio sobre los bolcheviques en su ciudad natal, creador en 1986 del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, ha continuado, a pesar de las amenazas, al frente de Estudios de la Violencia, proyectando trabajos sobre la memoria histórica que ahora dirige desde el 2007, desde donde ha producido 21 informes en los cuales se rconstruyen las masacres más emblemáticas de los paramilitares y las Farc, poniéndolos al conocimiento de los colombianos junto al dolor de las víctimas del conflicto armado. Estos personajes como Manuel Elkim Patarroyo y Gonzalo Sánchez, mis dilectos amigos de ya no pocos años, cuyos perfiles figuran en mi libro de 1995 Protagonistas del Tolima Siglo XX, con razón a su trabajo y no a nada diferente, siguen a la cabeza de los investigadores de la nación y ofreciéndonos orgullo a sus paisanos de la tierra Pijao. Me pareció curioso, al final del informe, la figuración como finalista del llamado Tolimense de las moléculas raras, uno de los químicos más laureados del pais, egresado de la Universidad Nacional donde es docente, profesor asociado y director del departamento y vicedecano de investigación. Novedades mundiales han salido de sus desvelos y experiencias y en los 138 artículos que ha publicado en revistas indexadas, trata sobre los animales heterocíclicos, “unas extrañas moléculas orgánicas que contienen nitrógeno y que podrían tener múltiples usos en la industria farmacéutica”. Total, vale la pena difundir estos trabajos en la región, que las universidades los inviten a conversar con profesores y estudiantes, al tiempo que reconocer que tenemos otros héroes. 

lunes, 16 de junio de 2014

LA VORÁGINE PARA RODRIGO SILVA


Vale decir que no sólo deben ser los deportistas y las actrices, las modelos y los políticos quienes merecen alcanzar los reconocimientos de los medios. También deberían estar los compositores e intérpretes, los teatreros y los novelistas, los poetas y los líderes comunitarios, los maestros y los médicos, entre miuchos buenos ciudadanos. Sin que medie lo episódico entre el fragor de un campeonato mundial de fútbol y el vértigo de unas elecciones, continúan brillando estas estrellas de la vida y la cultura.  Es lo que acaba de pasar en Neiva donde el diario La Nación, al cumplir sus primeros 20 años, exaltó a un inmenso valor del Tolima Grande como lo es Rodrigo Silva. Estuvieron representantes de todos los sectores de la sociedad, incluyendo al presidente Santos, brindando el homenaje a un compositor e intérprete que ha sido precursor de la paz con su música y el sentido patrio y amoroso de sus canciones. Estuvimos orgullosos acompañando al artista en mayúsculas y golpeando nuestras palmas en un aplauso que salía desde lo más profundo de nuestros corazones. Nada es gratuito porque se ha ganado el respeto y el prestigio por su ser sensible demostrado a lo largo de casi cinco décadas en una lucha sin cuartel por la música folclórica y la región andina. 
Y representándonos en diversos lugares del mundo donde arranca emociones y admiración por sus virtudes. No se trata entonces de una estrella fugaz sino de una lámpara encendida a pesar de las vicisitudes por las que ha debido atravesar, a veces casi perdido como Arturo Coba en La Vorágine. Pero sigue su luz hasta encarnar una gloria viva al estilo de los guerreros auténticos y de quienes perfilan su itinerario como para simbolizar lo esquivo de la inmortalidad. El centro de convenciones José Eustasio Rivera se hallaba hasta las banderas y varios aplausos prolongados rindieron honor al artista. Desde los concejales y diputados, los secretarios de despacho departamental y el gobernador, el alcalde con su equipo, la Academia de Historia y variados músicos y escritores, las directivas de la Cámara de Comercio, el grueso de los parlamentarios de diversos partidos y matices, el ministro de hacienda, en fin, unas mil quinietas personas luciendo sus mejores galas de tierra caliente, junto a la música y el ballet regional, fueron el marco para celebrar a Rodrigo Silva y a un diario independiente que ha logrado, tras las naturales dificultades de un medio impreso impecable, permanecer vigente y con respeto de parte de sus lectores en el sur colombiano. Se cumplían igualmente los 90 años de la publicación de esa obra maestra que es la Vorágine, con páginas y páginas dedicadas a textos, frases, críticas y fotografías de este orgullo de las letras huilenses y nacionales, al igual que sin timideces ni tacañerías dos páginas centrales a Rodrigo Silva, sin que faltaran otras noticias de la cultura. Qué diferencia con lo que hallamos en la región donde este tipo de actividad está reducida a pequeñas pildoritas, seguro de buena fe, pero sin que se atrevan a destacarlas como es debido, salvo los refritos enciclopédicos alrededor de autores que se sacan de internet. Lo único cierto es ver cómo, a este compositor que es sin duda la última gloria viva dentro de la música que nos queda del interior, se le rindieron los honores que merece y que relatamos como ejemplo para ser imitado por nosotros en esta parte del país adonde decidió pasar desde hace ya no pocos años el desarrollo de su productiva existencia. 45 años junto a Álvaro Villalba en el inolvidable dueto que ha recorrido muchos lugares del mundo donde igualmente recibieron reconocimientos grandes como el de Nueva York cuando fueron declarados Mariscales de la Hispanidad, marcan el distintivo de quienes como Rodrigo conservan el placer del estudio y la composición, la sencillez como evangelio y el buen humor como defensa ante las amarguras de la vida. El resto es silencio, al decir de Shakespeare.